Residencia artística Mompox · 2025

Residencia artística Mompox · 2025

En 2025 pasé un mes en Mompox, durante mi primera residencia artística en El Boga Casa Taller. Llegué sin una idea definida de lo que iba a hacer. Quería observar, escuchar y dejarme atravesar por el lugar y por las historias que encontrara.

Durante las primeras semanas recorrí talleres de forja, madera, barro y filigrana. Conocí artesanos y, especialmente, mujeres que habían aprendido sus oficios dentro de sus propias familias y que hoy los mantienen vivos, los transforman y los transmiten a otras generaciones.

En las conversaciones apareció una y otra vez una idea: la transmisión como una forma de herencia.

Hablé con mujeres que habían aprendido la joyería porque un saber familiar corría el riesgo de perderse; con mujeres que habían convertido sus talleres en espacios de aprendizaje y autonomía para otras jóvenes; con tejedoras y lideresas que entendían la comunidad como una red de apoyo. También aparecieron conversaciones sobre el cuerpo, la maternidad y las expectativas que recaen sobre las mujeres.

Me interesó especialmente esa contradicción alrededor del cuerpo femenino: un seno puede ser completamente natural cuando alimenta a un hijo, pero convertirse en algo que debe ocultarse cuando deja de cumplir esa función. Empecé entonces a pensar en el cuerpo no solamente como representación, sino como territorio de transmisión: de alimento, de cuidado, de memoria y también de saberes.

Con barro de las ladrilleras locales comencé a trabajar sobre baldosas utilizadas en los pisos de las casas de Mompox. Sobre esa superficie modelé senos de distintas formas. El calor, la humedad y el material hicieron parte del proceso. Algunas piezas se agrietaron durante la espera; otras revelaron formas que yo no había previsto.

Una de las pequeñas vasijas que hice incluso terminó dando vida a una planta. Una semilla que había quedado dentro del barro germinó con la humedad de la bolsa donde la había dejado. La planta apareció justo en el lugar del pezón, convirtiendo accidentalmente la pieza en una imagen de nacimiento y continuidad.

También creé Moldeando Herencia, un espacio para realizar moldes de los senos de mujeres de la residencia. El proceso se convirtió en algo mucho más íntimo de lo que había previsto: un espacio para hablar del cuerpo, de nuestras historias y de aquello que cada una había aprendido sobre ser mujer.

Los moldes fueron realizados en yeso y posteriormente llevados al concreto.

Me fui de Mompox con mucho más que una serie de piezas. Me llevé historias sobre mujeres, sobre maternidad, sobre oficio y sobre las distintas maneras en que una comunidad conserva aquello que considera valioso.

También me llevé una idea que continúa atravesando mi trabajo:

que heredar no siempre significa recibir algo. A veces significa aprender a sostenerlo para poder pasarlo a alguien más.

Regresar al blog